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Desarrollo financiero y realidad social peruana

Ignacio Basombrío (*)

El desarrollo del sector financiero en el Perú constituye una de las expresiones más concretas del avance de la actividad económica, en un marco de libre competencia, de constante innovación tecnológica y de servicios diversificados para los ciudadanos y los agentes económicos.

La solidez del sistema es consecuencia de la aplicación de un conjunto de instrumentos, además, naturalmente, de la estabilidad macroeconómica.

En efecto, el Perú puso en vigencia, con la debida oportunidad, las Normas de Basilea, que se han perfeccionado gradualmente para garantizar la solidez del sistema. Con tal decisión, el sistema bancario nacional aplicó, con rigor, los estándares internacionales que, de haber sido respetados por un número respetable de instituciones financieras de las naciones industrializadas, habrían evitado la crisis iniciada en el 2008.

Satisfacción del cliente

Las tendencias de las operaciones del sistema bancario nacional se han aproximado gradualmente a las demandas de los clientes y, por tanto, en su condición de servicio público, el sector financiero peruano ha sabido atender a sus necesidades. Como consecuencia, ha resultado posible alcanzar una expansión adecuada del sistema, que corresponde al nivel de desarrollo y de crecimiento del producto bruto interno y al esfuerzo por bancarizar en mayor medida a la sociedad peruana.

Uno de los elementos que conviene destacar en este proceso se refiere a la prioridad otorgada al financiamiento de micro y pequeñas empresas, que constituyen el universo fundamental de la estructura productiva del país, por el número de unidades empresariales y por el personal ocupado.

En tal sentido, y utilizando las herramientas que proporciona el mercado, se han estructurado entidades especializadas, cuyo crecimiento es destacable en materia de depósitos y colocaciones.

Además, se han articulado y desarrollado, entre otras instituciones, las cajas municipales y las Edpymes, especializadas en financiar operaciones acordes con el tamaño de las pequeñas empresas y de la capacidad de endeudamiento de las personas de menores ingresos.

Es importante señalar que tales instituciones de financiamiento operan sin contar con subsidios del Estado, o con el acceso a líneas de crédito no sustentadas técnicamente.

Por el contrario, el desarrollo reciente de tales entidades demuestra que la adecuación al mercado, y la competencia con las grandes entidades financieras, en términos de mejor servicio y de facilidades para la contratación de los créditos, generan confianza en los pequeños y microempresarios. Estos aprecian a las empresas que les brindan el apoyo necesario para ampliar y diversificar sus operaciones.

Aporte internacional

Debe tenerse en consideración que la experiencia internacional para fortalecer las estructuras de micro y pequeñas empresas pasa necesariamente por el avance del sistema financiero. Entidades exitosas que operan en diferentes países han logrado diseñar y aplicar políticas de crédito y de captación de ahorros, cuyo impacto económico y social es real y se produce en un plazo relativamente corto.

Diversos estudios realizados al respecto, entre otras entidades, por la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras de Desarrollo (Alide), muestran cómo con flexibilidad y capacidad de gestión, ha resultado posible impulsar programas de crédito que, sin paternalismo estatal, atienden a segmentos cada vez mayores de las estructuras productivas, los cuales se encontraban en alguna medida marginados del crédito otorgado por la banca comercial.

En el Perú, se observa un fenómeno interesante, en virtud del cual las entidades financieras líderes desarrollan entidades especializadas en el financiamiento de micro y pequeños empresarios. Ello demuestra que, además de existir un mercado potencial, los análisis efectuados sobre el comportamiento crediticio de tales agentes económicos, justifican el esfuerzo empresarial que supone desarrollar tal tipo de entidades.

Es importante, finalmente, recordar que el sistema financiero constituye un servicio esencial para permitir la producción y el comercio de bienes, así como para hacer posible el desarrollo de nuevos proyectos que crean centros de trabajo. Con un sistema financiero sólido, preocupado de atender a segmentos emergentes en la sociedad y en la economía, se cuenta con una estructura capaz de sustentar adecuadamente el avance futuro de la economía nacional.

(*): Vicepresidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional.