2009/04/21
Ciencia y tecnología: La confrontación Estados Unidos, Japón y China
Modesto Montoya (*)
Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos surgió como una potencia científica y tecnológica, debido a su estrategia de captar cerebros extranjeros, siguiendo el modelo del proyecto Manhattan, el que sirvió para construir la bomba atómica. En el año 1950, el Gobierno funda la National Science Foundation e inicia un programa de promoción de la creatividad tecnológica. Como consecuencia de ello, empieza a crecer el número de patentes otorgadas a los residentes de ese país.
Sin embargo, desde la época del presidente Ronald Reagan, Estados Unidos empezó a disminuir la inversión en ciencia y tecnología, y descuidó la creatividad. Se gastó en conflictos internacionales, poniéndose énfasis en la guerra y en los grandes negocios de armamento y petróleo.
En el año 1997 se lanzó un plan estratégico de desarrollo científico y tecnológico, basado en la gestión por resultados. Luego, se puso en práctica otro para el período 2001-2006, con el objetivo de "asegurar el futuro de la Nación a través del descubrimiento, el aprendizaje y la innovación". Se resalta la idea de que la competitividad de un país se mide por la producción de bienes y su aceptación en el mercado internacional.
Sin embargo, los mejores cerebros norteamericanos desertaban los laboratorios porque se daban cuenta de que obtenían mayores beneficios como bancarios, constructores o vendedores de casas. Ahí ganaban diez veces más de lo que habrían obtenido como científicos o ingenieros. Se propagó la ambición, era de comprarse una casa de un millón de dólares con la esperanza de que su valor pasara a 1.2 millones de dólares en un año. Ahora que la burbuja reventó, muchos científicos e ingenieros que vivían de ella buscan formas de reeducarse.
Paralelamente, durante los años 50, Japón copiaba la tecnología de los países industrializados, para mejorarla y sobrepasarla. Luego, desde los años 80, empezó a liderar la industria de la microelectrónica y la piscicultura.
Ahora, los japoneses cuentan con el mayor número de patentes en el mundo. Sus instituciones de investigación como el NIMS (National Institute for Materials Science) tiene menos trabajos publicados en revistas científicas, pero diez veces más patentes que instituciones similares de Europa o Estados Unidos.
Con el tiempo, Japón se convirtió en un país hermético. Y eso se explica si consideramos que el 60% de la investigación y desarrollo es realizado por la empresa privada; en la que existe el temor a que otros copien sus inventos sin correr con los correspondientes costos de la investigación y el desarrollo. Sin embargo, desde el año 2002, Japón se está abriendo para hacer convenios de colaboración con países industrializados, con los que cuentan hacer frente al avance chino, su eterno rival.
Luego de la revolución cultural, China empezó a apostar por el mérito científico y tecnológico. El naciente capitalismo chino liberó a las individualidades, pero mantuvo en la conciencia la responsabilidad social. Los chinos no solo tratan de crecer ellos mismos, como personas, sino que también tratan de hacer crecer a la comunidad. Se ha instalado un capitalismo diferente al que solo cuenta con el individuo.
China ha surgido luego de enviar inmensas cantidades de científicos e ingenieros a Estados Unidos y Europa en los años 80, y repatriarlos a partir de los 90, para poner las bases de su propio despegue tecnológico y comercial. Son dos las generaciones de científicos chinos que regresan a su país luego de asimilar la ciencia y tecnología occidental.
Los científicos e ingenieros chinos regresan porque en su país se les ofrecen prestigio, remuneraciones muy superiores a las normales, y condiciones de trabajo que les permiten desarrollarse como investigadores. Cuenta asimismo el aspecto cultural: un chino considera una humillación tener que trabajar en un país extranjero.
Los analistas piensan que la partida será ganada por China, la que se convertiría en la nueva primera potencia mundial. Las tendencias de producción tecnológica lo sugieren. Si eso se convierte en realidad, será hasta que surja otra nación que empiece a desarrollarse poniendo en valor el conocimiento científico y tecnológico de su gente.
(*): Miembro de la Academia Nacional de Ciencias del Perú.
Sin embargo, desde la época del presidente Ronald Reagan, Estados Unidos empezó a disminuir la inversión en ciencia y tecnología, y descuidó la creatividad. Se gastó en conflictos internacionales, poniéndose énfasis en la guerra y en los grandes negocios de armamento y petróleo.
En el año 1997 se lanzó un plan estratégico de desarrollo científico y tecnológico, basado en la gestión por resultados. Luego, se puso en práctica otro para el período 2001-2006, con el objetivo de "asegurar el futuro de la Nación a través del descubrimiento, el aprendizaje y la innovación". Se resalta la idea de que la competitividad de un país se mide por la producción de bienes y su aceptación en el mercado internacional.
Sin embargo, los mejores cerebros norteamericanos desertaban los laboratorios porque se daban cuenta de que obtenían mayores beneficios como bancarios, constructores o vendedores de casas. Ahí ganaban diez veces más de lo que habrían obtenido como científicos o ingenieros. Se propagó la ambición, era de comprarse una casa de un millón de dólares con la esperanza de que su valor pasara a 1.2 millones de dólares en un año. Ahora que la burbuja reventó, muchos científicos e ingenieros que vivían de ella buscan formas de reeducarse.
Paralelamente, durante los años 50, Japón copiaba la tecnología de los países industrializados, para mejorarla y sobrepasarla. Luego, desde los años 80, empezó a liderar la industria de la microelectrónica y la piscicultura.
Ahora, los japoneses cuentan con el mayor número de patentes en el mundo. Sus instituciones de investigación como el NIMS (National Institute for Materials Science) tiene menos trabajos publicados en revistas científicas, pero diez veces más patentes que instituciones similares de Europa o Estados Unidos.
Con el tiempo, Japón se convirtió en un país hermético. Y eso se explica si consideramos que el 60% de la investigación y desarrollo es realizado por la empresa privada; en la que existe el temor a que otros copien sus inventos sin correr con los correspondientes costos de la investigación y el desarrollo. Sin embargo, desde el año 2002, Japón se está abriendo para hacer convenios de colaboración con países industrializados, con los que cuentan hacer frente al avance chino, su eterno rival.
Luego de la revolución cultural, China empezó a apostar por el mérito científico y tecnológico. El naciente capitalismo chino liberó a las individualidades, pero mantuvo en la conciencia la responsabilidad social. Los chinos no solo tratan de crecer ellos mismos, como personas, sino que también tratan de hacer crecer a la comunidad. Se ha instalado un capitalismo diferente al que solo cuenta con el individuo.
China ha surgido luego de enviar inmensas cantidades de científicos e ingenieros a Estados Unidos y Europa en los años 80, y repatriarlos a partir de los 90, para poner las bases de su propio despegue tecnológico y comercial. Son dos las generaciones de científicos chinos que regresan a su país luego de asimilar la ciencia y tecnología occidental.
Los científicos e ingenieros chinos regresan porque en su país se les ofrecen prestigio, remuneraciones muy superiores a las normales, y condiciones de trabajo que les permiten desarrollarse como investigadores. Cuenta asimismo el aspecto cultural: un chino considera una humillación tener que trabajar en un país extranjero.
Los analistas piensan que la partida será ganada por China, la que se convertiría en la nueva primera potencia mundial. Las tendencias de producción tecnológica lo sugieren. Si eso se convierte en realidad, será hasta que surja otra nación que empiece a desarrollarse poniendo en valor el conocimiento científico y tecnológico de su gente.
(*): Miembro de la Academia Nacional de Ciencias del Perú.