26 °C


Bonos de alto rendimiento

Renzo Jiménez Sotelo (*)

Los bonos de alto rendimiento, llamados también bonos basura o chatarra, son instrumentos de financiación distintos a los instrumentos de deuda tradicionales. Suelen ser instrumentos híbridos porque tienen implícito un componente de capital, además del componente de deuda. Las modalidades más usadas son deuda subordinada convertible en acciones, bonos subordinados ordinarios más opciones de compra de acciones, bonos subordinados con amortización condicionada a la generación de utilidades, entre otras.

Debido a su naturaleza híbrida, este tipo de deuda se comporta más como el mercado de acciones que como el mercado de deuda pública. También se le llama financiación de entresuelo porque está debajo de la financiación con deuda y encima de la financiación con capital. En muchos aspectos se parecen a las acciones preferentes, que tienen menor riesgo que las acciones comunes y preferencia en el cobro de dividendos, pero tienen menor prelación de pago que el resto de la deuda en una liquidación empresarial.

Este tipo de financiamientos se usa para expandir compañías, mediante fusiones o adquisiciones, a través de compras apalancadas, y para todo tipo de reestructuraciones empresariales. En el Perú algunos fondos de inversión, cada vez menos regulados, utilizan algunas de estas modalidades para efectuar sus inversiones, de modo similar a como lo hacen algunos bancos de inversión en el exterior. La diferencia está en que aquí a los administradores de fondos no se les exige un capital acorde al riesgo involucrado, como se supone que sucedía con algunos difuntos bancos de inversión del exterior.

En tiempos adversos, como los actuales, los bonos basura entran en auge debido a que, como en crisis anteriores, la caída de las tasas de interés de las deudas tradicionales hace que los mismos fondos de inversión globales incrementen su apetito por tales instrumentos ¿La razón? Quieren mantener el alto rendimiento que tenían antes de la crisis. Son, pues, una apuesta mucho mayor que una simple deuda. Por eso no tienen grado de inversión, ni tienen la intención de que así sea.

Ninguno de estos instrumentos tiene una calificación internacional mayor a BB+, si acaso la tienen, ni en Norteamérica, ni en Europa ni en Asia. Se emiten con tasas de interés elevadas para compensar el riesgo involucrado y por eso mismo los inversionistas les exigen mayores rentabilidades que a cualquier deuda tradicional. Se invierte con más euforia en las regiones o sectores en donde existen mayores potenciales de apreciación futura después de la crisis. ¿Qué región saldrá primero de la crisis y cuándo? Corren las apuestas.

(*): Catedrático - PUCP.