2009/10/27
Banca de desarrollo y nuevos escenarios
La crisis económica internacional ha abierto nuevos escenarios y permitido que se estructuren opciones para hacer posible la recuperación de la capacidad de crecimiento de la sociedad global.
Algunos elementos que, en el pasado, habían experimentado toda suerte de críticas comienzan, ahora, a recuperar presencia en el escenario tanto de los países industrializados como de las naciones en desarrollo.
Uno de tales elementos es la banca de desarrollo, desplazada por la acelerada expansión, en buena parte, de los países de la región latinoamericana, de la banca comercial. Esa banca de desarrollo es necesaria siempre, pero particularmente en coyunturas de crisis profunda, en las cuales son más las incógnitas que las certidumbres con relación a los problemas de la recuperación económica.
Gonzalo Rivas, presidente del Consejo Consultivo de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras de Desarrollo (Alide), ha señalado que la región debe otorgar especial importancia al desarrollo productivo y tecnológico.
Para ello, más allá de los dogmas y criterios preconcebidos, es necesario reconocer la importancia de la mayor y mejor regulación, así como del papel más activo de las políticas públicas en los planos económico y social.
En tal contexto, una nueva visión sobre la intervención del Estado para promover el desarrollo incluye, sin duda, la participación en el área financiera.
Fortaleza regional
A diferencia de lo acontecido en los países altamente industrializados, en los cuales la crisis bancaria antecedió a la contracción económica, en las naciones latinoamericanas, por la prudencia de las autoridades monetarias y el buen manejo de las instituciones, se ha podido mantener el equilibrio y, en algunos casos, entre los cuales se encuentra el Perú, lograr tasas positivas de crecimiento.
Las políticas de regulación monetaria y bancaria han demostrado ser eficaces, pero se requieren concebir mecanismos destinados a impulsar las cadenas productivas y los clusters, para impulsar a las pequeñas y microempresas, que constituyen la mayoría dentro del universo económico de los países de la región.
Tal como lo señala el señor Rivas es necesario asumir nuevos paradigmas tecnológicos, para conseguir una mejor posición de las naciones de la región en el escenario global.
Nuevas dimensiones
Por otro lado, para un país como el Perú que posee, según los expertos, la mayor biodiversidad mundial, resulta prioritario definir políticas de ciencia y de tecnología que complementen la visión de conjunto que posee el Ministerio del Ambiente para promover el desarrollo sustentable.
En ese tema de la ciencia y la tecnología la banca de desarrollo puede cumplir un renovado papel para conseguir los objetivos de transformación productiva y fomento de nuevas industrias, que son, en opinión de Alide, elementos necesarios para proporcionar respuestas adecuadas al nuevo entorno global.
Además, en la denominada Declaración de Curacao, adoptada por los miembros de Alide en el mes de mayo del 2009, se ha vinculado el papel de la banca de desarrollo con la política pública anticíclica. En tal sentido, se subraya que "junto a las medidas generales de política, los gobiernos de América Latina y el Caribe han impulsado una serie de acciones específicas para contrarrestar los efectos adversos de la crisis internacional en la economía nacional, y muchas de estas acciones tienen como brazo ejecutor a las instituciones financieras de desarrollo nacionales; es en este contexto cuando la presencia y acción de la banca de desarrollo como instrumento de políticas públicas de financiación ha adquirido una relevancia mayor en el cumplimiento de su función anticíclica, sin perder de vista una visión de largo plazo y una política permanente de distribución de renta".
En esta etapa de la historia, en que los dogmas quedan de lado, cuando se procuran adoptar políticas asentadas en la realidad, que emplean, de manera adecuada, todos los mecanismos tanto públicos como privados para lograr la recuperación de la capacidad de crecimiento, resulta evidente que una banca de desarrollo técnica, eficiente, innovadora y promotora del cambio tecnológico y del perfeccionamiento de las estructuras productivas, constituye una herramienta que deben utilizar los Estados.
(*): Profesor del Instituto de Gobernabilidad USMP.
Ignacio Basombrío (*)
Algunos elementos que, en el pasado, habían experimentado toda suerte de críticas comienzan, ahora, a recuperar presencia en el escenario tanto de los países industrializados como de las naciones en desarrollo.
Uno de tales elementos es la banca de desarrollo, desplazada por la acelerada expansión, en buena parte, de los países de la región latinoamericana, de la banca comercial. Esa banca de desarrollo es necesaria siempre, pero particularmente en coyunturas de crisis profunda, en las cuales son más las incógnitas que las certidumbres con relación a los problemas de la recuperación económica.
Gonzalo Rivas, presidente del Consejo Consultivo de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras de Desarrollo (Alide), ha señalado que la región debe otorgar especial importancia al desarrollo productivo y tecnológico.
Para ello, más allá de los dogmas y criterios preconcebidos, es necesario reconocer la importancia de la mayor y mejor regulación, así como del papel más activo de las políticas públicas en los planos económico y social.
En tal contexto, una nueva visión sobre la intervención del Estado para promover el desarrollo incluye, sin duda, la participación en el área financiera.
Fortaleza regional
A diferencia de lo acontecido en los países altamente industrializados, en los cuales la crisis bancaria antecedió a la contracción económica, en las naciones latinoamericanas, por la prudencia de las autoridades monetarias y el buen manejo de las instituciones, se ha podido mantener el equilibrio y, en algunos casos, entre los cuales se encuentra el Perú, lograr tasas positivas de crecimiento.
Las políticas de regulación monetaria y bancaria han demostrado ser eficaces, pero se requieren concebir mecanismos destinados a impulsar las cadenas productivas y los clusters, para impulsar a las pequeñas y microempresas, que constituyen la mayoría dentro del universo económico de los países de la región.
Tal como lo señala el señor Rivas es necesario asumir nuevos paradigmas tecnológicos, para conseguir una mejor posición de las naciones de la región en el escenario global.
Nuevas dimensiones
Por otro lado, para un país como el Perú que posee, según los expertos, la mayor biodiversidad mundial, resulta prioritario definir políticas de ciencia y de tecnología que complementen la visión de conjunto que posee el Ministerio del Ambiente para promover el desarrollo sustentable.
En ese tema de la ciencia y la tecnología la banca de desarrollo puede cumplir un renovado papel para conseguir los objetivos de transformación productiva y fomento de nuevas industrias, que son, en opinión de Alide, elementos necesarios para proporcionar respuestas adecuadas al nuevo entorno global.
Además, en la denominada Declaración de Curacao, adoptada por los miembros de Alide en el mes de mayo del 2009, se ha vinculado el papel de la banca de desarrollo con la política pública anticíclica. En tal sentido, se subraya que "junto a las medidas generales de política, los gobiernos de América Latina y el Caribe han impulsado una serie de acciones específicas para contrarrestar los efectos adversos de la crisis internacional en la economía nacional, y muchas de estas acciones tienen como brazo ejecutor a las instituciones financieras de desarrollo nacionales; es en este contexto cuando la presencia y acción de la banca de desarrollo como instrumento de políticas públicas de financiación ha adquirido una relevancia mayor en el cumplimiento de su función anticíclica, sin perder de vista una visión de largo plazo y una política permanente de distribución de renta".
En esta etapa de la historia, en que los dogmas quedan de lado, cuando se procuran adoptar políticas asentadas en la realidad, que emplean, de manera adecuada, todos los mecanismos tanto públicos como privados para lograr la recuperación de la capacidad de crecimiento, resulta evidente que una banca de desarrollo técnica, eficiente, innovadora y promotora del cambio tecnológico y del perfeccionamiento de las estructuras productivas, constituye una herramienta que deben utilizar los Estados.
(*): Profesor del Instituto de Gobernabilidad USMP.
Ignacio Basombrío (*)