Volver a ser ama de casa y sostén del hogar (con una laptop)

Para algunas familias, las limitaciones financieras y la tecnología probablemente hagan que el futuro de criar hijos se parezca más al pasado de la posguerra. Aquí el porqué.

(Bloomberg View).- A medida que van volcándose con los años a la vida familiar, los millennials enfrentan dos problemas financieros abrumadores: el costo en alza de la vivienda y el elevado costo del cuidado de los hijos.

Una manera de enfrentar estos retos es recurrir al trabajo a distancia facilitado por la tecnología, de manera que los padres vivan y trabajen en ciudades pequeñas más baratas como lo hicieron sus mayores en generaciones anteriores.

El aumento anual de los precios de las viviendas promedió 5.1% en octubre, porcentaje que sigue superando el crecimiento del ingreso, al tiempo que las existencias ajustadas y una escasez de construcción nueva ejercen sobre ellos una presión al alza.

Aunque la construcción de viviendas unifamiliares crezca un poco, también el tamaño promedio de una casa nueva sigue aumentando --de modo que los precios no bajan como lo harían si las viviendas nuevas fueran más modestas-.

Así como el desarrollo reciente de departamentos fue impulsado por los alquileres de lujo en zonas urbanas transitables, es posible que el desarrollo de viviendas unifamiliares pueda verse impulsado por casas más costosas en lotes “de demolición” de zonas deseables y por casas urbanas de lujo. Dado que el mercado de trabajo de la construcción continúa restringido, no hay señales de una oferta asequible en el horizonte.

Al mismo tiempo, el elevado costo del cuidado de los niños, especialmente en las áreas urbanas caras, está presionando los presupuestos familiares. Como padre reciente, es algo que yo mismo experimenté en mi presupuesto familiar este año. Vivimos en Atlanta, no una ciudad de precios altos como Nueva York o San Francisco y, sin embargo, la guardería cuesta alrededor de US$ 300 semanales.

Es un golpe muy grande para un presupuesto familiar pero, cuando hacemos el cálculo de cuánto cobra la institución por hora --US$ 7.50-- e incluimos todos sus costos, desde la mano de obra hasta el alquiler, los servicios de electricidad, el seguro, etc. , no es precisamente una empresa que tenga una rentabilidad alta. Y es poco probable que en un futuro inmediato la automatización llegue al punto de cambiar pañales o dar el biberón. La demanda sigue superando la oferta: el centro no tiene vacantes hasta el 2018.

¿Qué hace, pues, una familia urbana con dos ingresos? Si el padre o la madre tiene un trabajo que se puede hacer a distancia, existe quizás una solución radical: mudarse a una ciudad pequeña mucho más barata, donde uno vaya a trabajar y otro se quede en casa. La unidad familiar cambiaría dos empleos urbanos de oficina (junto con los altos costos de la vivienda y una guardería costosa) por un empleo de oficina a distancia (con vivienda barata y sin costos de guardería).

Esto podría representar un cambio cultural radical, especialmente si ambos padres tienen un buen nivel educativo y buenos trabajos. Pero la familia podría avanzar considerablemente en materia financiera y en calidad de vida si incluimos factores blandos como los traslados hacia y desde el trabajo y el estrés.

La economía familiar en definitiva queda restringida por dos limitaciones: las finanzas familiares y las necesidades de los hijos. Durante décadas, el hecho de que los empleos industriales estuvieran vinculados con ciudades fabriles y los empleos de oficina estuvieran vinculados con centros urbanos, significaba vivir relativamente cerca del trabajo.

Para las familias con presupuestos más ajustados, esto implicó quizá traslados cada vez más largos en la medida que los costos imponían vivir en un suburbio alejado o fuera de la ciudad. Una gran inmigración y una fuerza de trabajo numerosa generada por la explosión demográfica dieron poder de negociación a los empleadores; los salarios no siguieron el ritmo del costo de la vivienda.

En la actualidad, esto en parte cambió. Son cada vez menos los trabajadores, especialmente los trabajadores jóvenes, que están en la industria. La mayor parte del crecimiento del empleo se da en el sector de los servicios. La tecnología permite, como nunca antes, el trabajo a distancia en dicho sector, sobre todo en empleos relacionados con la información.

Y en tanto los nacidos con la explosión demográfica (los “baby-boomers”) se retiran y la inmigración sigue restringida, los empleados descubren que tienen un mayor de poder de negociación frente a sus empleadores. No será útil para todas las familias pero, para un número cada vez más grande de trabajadores, el trabajo a distancia y un cambio radical de estilo de vida pueden ser un salvoconducto para salir del ajetreo urbano.

¿Es ideal? Tal vez no. Las ciudades y las localidades más pequeñas no tienen muchos de los condimentos culturales y profesionales de las áreas urbanas más grandes. Pero la perspectiva de tener que realizar “mega-traslados” desde los suburbios baratos de un área metropolitana inmensa o de que ambos padres trabajen largas horas para pagar la hipoteca tampoco es ideal. Para algunas familias, las limitaciones financieras y la tecnología probablemente hagan que el futuro de criar hijos se parezca más al pasado de la posguerra.

Por Conor Sen.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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