"Siempre me toca a mí" y otras frases vetadas en la oficina

Preste atención a cómo se expresa en su puesto de trabajo. Hay fórmulas que deberían estar prohibidas, ya que pueden ser el detonante de un conflicto.

“No me ha dado tiempo…”, “siempre me toca a mí”, “es lo que hay…”. ¿Es de los que dice estas frases en su puesto trabajo? Tenga cuidado porque este tipo de expresiones pueden perjudicarlo en su vida laboral, ya que causan un efecto negativo en su interlocutor.

No solo debe estudiar qué dice, sino también cómo lo hace, cuándo y a quién se dirige. En muchas ocasiones, en función de lo que cuente, puede generar o evitar un conflicto.

“La comunicación es quizá la competencia más importante para tener éxito en la vida profesional. Debemos ser conscientes de que todo depende de la influencia que tengamos sobre otros y que la comunicación es la herramienta que tenemos para que esta influencia sea positiva o negativa”, asegura José Manuel Casado, socio fundador de 2C Consulting.

Es cierto que cualquiera puede emplear estas muletillas a lo largo de su jornada, pero según Genoveva Vera, coach ejecutiva experta en liderazgo, existe un perfil determinado que las utiliza de forma constante: “Suelen ser personas con unas características muy concretas, como que no cuentan con las competencias adecuadas para hacer una tarea, que tienen un carácter quejica o que no están comprometidas con el equipo”.

No hay duda de que hay que cuidar las competencias comunicativas en todo momento, pero existen algunas situaciones en las que conviene cuidarlas especialmente. Así sucede en las reuniones con el jefe para que la conversación sea un éxito, así como en circunstancias delicadas, como los despidos, la oportunidad de promoción laboral o la comunicación de alguna mala noticia.

“Siempre me toca a mí”.
Es una expresión típica de las personas que se quejan constantemente y que además tienden a salir recompensadas, ya que al final las tareas se encargan a los empleados menos polémicos. “Sin embargo, aquel que utiliza mucho esta expresión tiene pocas posibilidades de crecer dentro de la empresa”, matiza Vera.

“No me ha dado tiempo”
Es posible que el profesional que lo dice esté realmente ocupado, pero se puede malinterpretar y parecer que es ineficaz. En estos casos se recomienda realizar un registro del tiempo que exige cada tarea con la finalidad de identificar las principales distracciones.

“Puf, es que…”
Esta expresión molesta mucho a cualquier jefe cuando encarga alguna tarea. Transmite una actitud negativa y cierta inseguridad. “A veces se emplea de forma impulsiva antes de haber comprendido lo que se nos está diciendo. Es conveniente preguntar más datos y reclamar ayuda para llevar a cabo lo que se nos está pidiendo. Será una muestra de que la persona desea aprender”, apunta Vera.

“Es lo que hay”
Denota resignación y conformismo. Sin embargo, las empresas no quieren profesionales que acepten todo lo que les venga impuesto, que no cuenten con un criterio propio y que no sean capaces de transmitir sus opiniones.

“Sí, pero…”
A pesar de que esta frase comienza por una palabra afirmativa, queda completamente invalidada por el “pero” y genera decepción. Jorge Cagigas, socio de Epicteles, señala que esta expresión se aprecia tanto en situaciones formales e informales y puede ocasionar que el receptor adquiera una postura a la defensiva. Por eso, recomienda sustituirla por otras como, por ejemplo, “sí, y además…”. Con esta frase el emisor demuestra una actitud de querer ayudar.

“No lo sé”
Es una de las respuestas que puede poner más nervioso a su interlocutor. Crea una sensación de desconfianza y puede llegar a dudar de sus cualidades.

“¿Por qué?”
Según Cagigas, en ocasiones esta pregunta puede resultar demasiado incisiva. Hay que realizar preguntas más sutiles con las que se busque la colaboración del otro. “¿Para qué?” o “¿Para qué queremos hacer esto?” son fórmulas más inclusivas y potencian el vínculo con el compañero, ya que se le invita a que exprese su opinión.

“Imposible”
Es una palabra que no se debería utilizar nunca porque produce una sensación de falta de interés. A veces se utiliza sin haber terminado de escuchar a la otra persona. Hay que dejar que el otro acabe de hablar y reflexionar sobre lo escuchado para poder proponer una alternativa.

Así influye la comunicación no verbal.
“Actitudes como la lealtad, el interés por colaborar o la responsabilidad se muestran a través de expresiones verbales y no verbales”, asegura Genoveva Vera, ‘coach’ ejecutiva experta en liderazgo. Apunta que la mirada es una vía de comunicación principal, puesto que cierra y abre conversaciones. Además, recuerda que los que tienen un gesto serio y antipático suelen ser mal aceptados por los compañeros y dificultan las interacciones. Por último, también hay que prestar atención al tono que se emplea, ya que repercute en cómo se va a interpretar el mensaje.

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