Cómo gestionar su empleabilidad cuando proviene de una empresa con mala reputación

El haber trabajado para una empresa cuya reputación está dañada, no debería afectar mucho al colaborador, a menos que se compruebe que estaba directamente involucrado en los problemas, dice Manuel Cubas de Career Partners Perú.

Cuando la reputación de una empresa ha sido dañada por su propio proceder y malas prácticas, las probabilidades de que se recupere disminuyen más mientras más grave sea el caso.

En este contexto, conocer y gestionar el impacto de este hecho en la imagen profesional de cara a futuras oportunidades laborales es un reto para el colaborador que forma parte de esta organización pero no ha estado involucrado en los hechos mencionados.

Al respecto, Manuel Cubas, presidente de Career Partners Perú, señaló que “muchas veces el colaborador cierra los ojos cuando trabaja en este tipo de empresas, por temor a perder su trabajo, lo que a la larga es contraproducente en términos de empleabilidad”.

“Debe renunciar o buscar un nuevo empleo apenas conozca que la empresa para la que trabaja está cometiendo faltas o delitos. No es recomendable seguir trabajando allí”, indicó.

Cubas puntualizó que el haber trabajado para una empresa cuya reputación está dañada, no debería afectar mucho al colaborador, a menos que se compruebe que estaba directamente involucrado en los problemas o que sabiéndolo, no renunció oportunamente.

“Si la persona se desvinculó oportunamente es prioritario que en los procesos de selección en los que participe, explique claramente cuál fue su rol en la organización y definir, precisamente, que no está sujeto a ninguna investigación por conducta dolosa”, anotó.

Asimismo, explicó que el trabajador debe comunicar a su red de contactos –principal fuente de oportunidades laborales- que no ha estado involucrado y que, justamente, por conocer la inconducta de la empresa o de los principales ejecutivos, ha decidido cambiar de empleo.

Finalmente, el especialista recomendó que en una situación como esta o para cualquier otro cambio inesperado en nuestras carreras laborales, “siempre debemos tener un Plan B, C y D”.

“El Plan B consiste en determinar qué futuro tenemos en la empresa donde estamos y que tanto podemos ascender o crecer. El Plan C consta en siempre estar atentos al mercado y las oportunidades de crecimiento en otras empresas y, el Plan D, reside en iniciar nuestra propia empresa o negocio mientras estamos trabajando, para labrarnos un futuro como independientes”, refirió.

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