¿Cómo evitar que tu carrera se arruine por los prejuicios profesionales?

Hay quien afirma que las grandes empresas están comenzando a ser más permisivas con la indumentaria de sus nuevos talentos, porque aceptan que es el peaje que tienen que pagar.

A primera vista los estereotipos profesionales son inevitables. El problema surge cuando prevalecen sobre lo que una persona puede aportar a una organización y presume de un falso comportamiento.

*Nadie está exento de crítica. *Si te crees que por ir con traje casual serás más popular en una start up habitada por veinteañeros, quizá no sepas que te tildarán de pantuflas. Tampoco escaparás a la mofa de la primera impresión si vas muy informal a una entrevista de trabajo en una empresa de corte más tradicional.

Pero no te dejes llevar por el engaño. Hay quien afirma que las grandes están comenzando a ser más permisivas con la indumentaria de sus nuevos talentos, porque aceptan que es el peaje que tienen que pagar, unos prejuicios con los que son menos inflexibles las jóvenes generaciones que trabajan en las nuevas start up.

“Suelen ser más prejuiciosos, es más complicado acercarse a ellos si tienes una imagen que difiere de la suya. Tienen una necesidad de inmediatez, por lo que eliminan a aquello que no les encaja sin profundizar, no dan una oportunidad que acabe con los prejuicios”, explica Merche Aranda, directora del Máster de Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching de la EAE.

Las apariencias
En plena era de la diversidad y de la integración, los prejuicios resultan paradójicos. Pero la realidad es más que evidente y confirma, una vez más, que los estereotipos existen, que todos somos humanos y que, a menudo, nos dejamos llevar por la primera imagen porque… ¿es la que cuenta?

Elisabeth Roux, managing director Leadership & Talent de MOA BPI Group, lo tiene claro: “Los primeros diez segundos son fundamentales en cualquier nuevo contacto. En un proceso de selección y de promoción, lo que llevamos y la apariencia física son factores fundamentales a tener cuenta. Lo de ‘sólo hay una oportunidad para dar buena impresión’ se cumple al cien por cien”.

Sin embargo, Eva Rimbau, profesora de recursos humanos en la UOC, aclara que “existen estereotipos tanto positivos como negativos, pero en cualquier caso son todos injustos, porque juzgan a una persona a partir de creencias previas estandarizadas y simplificadas sobre el grupo al que pertenece”.

Lo peor es que, a veces, estos prejuicios nacen de forma inocente. “Si nadie reacciona a un comentario tipo broma, se avanza hacia comportamientos más agresivos o discriminatorios en los que la persona o el grupo estereotipado sale claramente perjudicado. Eso puede dañar el ambiente laboral, la capacidad de trabajar en equipo y la colaboración”, advierte Rimbau.

Jon Segovia, profesor de dirección de personas de Deusto Business School, va más allá de la mera apariencia y diferencia entre el físico y el estereotipo, “que a veces puede ser de carácter psicológico. Conviene separar ambos conceptos”.

Segovia cree que el problema surge cuando “tu identidad o forma de ser rompe con las normas establecidas. Hay determinadas cosas que tienes que adoptar si quieres pertenecer a determinada tribu”.

El espíritu gregario del ser humano se impone también en el mundo laboral pero con el permiso de los estereotipos, no todos somos hormigas laboriosas.

Arancha Ruiz, cazatalentos, especialista en marca personal y autora del libro Qué busca el headhunter, asegura que en muchas organizaciones se crean dinámicas de Juego de Tronos, luchas de poder, resistencias al cambio o tan sólo diferencias de opinión sobre el liderazgo y la estrategia: “Los estereotipos más típicos los asociamos a tatuajes y hipsters, pero también sirven para agrupar a personas en ‘ellos’ y ‘nosotros’: ¿eres de la vieja guardia o de los nuevos?, ¿de los mimados o de los curritos? ¿vas de experimentado o de seguir los nuevos modelos de trabajo?”.

Los antídotos
El conocimiento es el mejor antídoto contra los estereotipos. Dice Rimbau que hay que “ser consciente de que los estereotipos existen y de que nosotros también tenemos visiones estándar de ciertos grupos.

Y, en segundo lugar, debemos conocer con cierta profundidad a las personas de esas tribus teniendo la mente abierta y estar dispuesto a que contradigan nuestros juicios”.

Desde una perspectiva personal, Ruiz recomienda “cambiar la apariencia que influye negativamente en el trabajo siempre que impida mostrar el talento real del profesional. No hay que confundir lo auténtico con lo práctico ni la esfera pública y la privada.

Si estamos en un entorno profesional debemos ayudar a nuestros clientes y compañeros a identificar nuestro valor, y la apariencia debe ayudar, no frenar”.

Roux también cree que si el aspecto influye de forma negativa en la esfera profesional, “hay que actuar inmediatamente y corregir el tiro”.

Por otra parte, Segovia insiste en la necesidad de los estereotipos psicológicos: “Esa diferencia en el carácter es lo que hace que los equipos de trabajo estén equilibrados y funcionen”.

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